Big Ben, Buckingham y Picadilly Circus
Luego fuimos hacia la Abadía de Westminster, admirando su impresionante arquitectura gótica desde el exterior. Es uno de esos lugares que has visto mil veces en fotos, pero en persona impresiona aún más.
Al salir de la abadía, subimos por Whitehall hasta The Mall, y por el camino pudimos ver la famosa residencia del primer ministro en el Número 10 de Downing Street, un detalle que nos hizo sentir que estábamos realmente en el corazón del poder británico.
Continuamos por The Mall hasta Buckingham Palace, con la idea de llegar con tiempo para ver el famoso cambio de guardia. Sobre las 11:00 comenzó la ceremonia y la disfrutamos hasta aproximadamente las 11:45, entre música, uniformes rojos y la energía típica que atrae a visitantes de todo el mundo.
Después dimos un paseo por St James’s Park, entrando por la puerta Memorial de Diana de Gales, uno de los rincones más emotivos y bonitos del parque, perfecto para bajar el ritmo tras la multitud del palacio. Seguimos hacia Trafalgar Square, una plaza que nos dejó completamente impresionados: la columna de Nelson, las fuentes, el ambiente de gente y la energía que se respira allí.
Aprovechando que estábamos cerca, entramos en la National Gallery para ver algunas de las obras más famosas del museo. Nos centramos en tres imprescindibles: Los Girasoles de Van Gogh, La Virgen de las Rocas de Leonardo da Vinci y La Venus del Espejo de Velázquez. Verlas en persona es simplemente impresionante.
Más tarde paramos a comer por la zona y recargar energías. Con el estómago lleno, nos dirigimos a Oxford Street y Regent Street, dos de las calles comerciales más famosas de Londres, disfrutando de un paseo entre tiendas y edificios elegantes.
Nuestro recorrido continuó por Soho, donde nos perdimos por sus calles llenas de vida y encanto, incluyendo la famosa Carnaby Street, un rincón lleno de tiendas originales y ambiente único. A pocos pasos entramos en Chinatown, donde el ambiente cambia completamente y parece que estás en otra parte del mundo. Cenamos allí y disfrutamos del ambiente único del barrio.
Para cerrar el día, pasamos por Leicester Square, ya completamente iluminada y con muchísimo ambiente, y terminamos en Piccadilly Circus, admirando sus famosas pantallas gigantes brillando en la noche londinense. Tras un día intenso y espectacular, regresamos al hotel a descansar… porque Londres solo acababa de empezar.




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