Por la mañana tomamos la lancha rápida hacia
Maafushi, un traslado que puedes contratar a través de
Civitatis.
El trayecto dura unos 30-40 minutos y ofrece unas vistas espectaculares del océano Índico mientras te vas acercando a una de las islas más conocidas por los viajeros que vienen por libre.
Al llegar, dejamos las maletas en el alojamiento y salimos a recorrer la isla con calma. Caminando por la
Playa Bikini entendimos por qué tanta gente la elige: aguas turquesas, ambiente relajado y puestas de sol que parecen sacadas de una postal.
Mientras explorábamos Maafushi sin prisa, fuimos descubriendo algunos de sus puntos más curiosos: la
prisión que ocupa buena parte del sur de la isla, la
escuela local, la
comisaría de policía, la
sucursal del Banco de Maldivas, la
Mezquita y hasta un
campo de fútbol, un deporte que aquí se vive con muchísima pasión. También pasamos por el
cementerio y por un montón de
tiendas de souvenirs, cafeterías y restaurantes que le dan mucha vida a las calles.
Después de un día tranquilo entre playa y paseo, tocaba descansar para arrancar al día siguiente con nuestra
primera excursión en Maafushi.
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