Llegada a Osaka
Nada más aterrizar activamos nuestra eSIM de Saily (desde este enlace tenéis un 10% de descuento), que ya llevábamos instalada desde España, y en cuestión de segundos teníamos internet funcionando en Japón. Un detalle que parece pequeño, pero que viene genial para consultar mapas, trenes o comunicarte desde el minuto uno.
Antes de pasar inmigración, llevábamos ya preparado el formulario de entrada a Japón con su correspondiente código QR, que habíamos rellenado tranquilamente desde España a través de la web oficial. Esto nos ahorró bastante tiempo en el aeropuerto e hizo el proceso mucho más ágil.
Tras los trámites de entrada y recoger equipaje, cogimos el tren desde el aeropuerto hasta Namba, donde se encuentra nuestro hotel y una de las mejores zonas para alojarse en Osaka. Dejamos las maletas en el APA Hotel Nambashinsaibashi-Nishi y salimos directos a la calle, porque aunque el cansancio apretaba, las ganas podían más.
Desde ahí arrancamos nuestra ruta a pie perfecta para el primer día. Primero visitamos Nipponbashi, el barrio friki y tecnológico de la ciudad, lleno de tiendas de anime, manga y electrónica; un lugar perfecto para los fans de la cultura pop japonesa. Luego nos dirigimos a Shinsaibashi, donde está la gran calle comercial cubierta, ideal para pasear, entrar en tiendas y empaparte del ambiente japonés; aprovechamos también para probar alguna de las cientos de opciones gastronómicas que ofrece la zona. Después continuamos hacia America Mura, un barrio más alternativo y juvenil, lleno de tiendas curiosas, grafitis y cafés diferentes, muy contrastado con el Japón más tradicional.
Para terminar el día llegamos a Dotonbori, probablemente la zona más icónica de Osaka, con sus neones, el famoso cartel del corredor de Glico y un ambiente brutal tanto de día como de noche. Cenamos probando comida típica de Osaka, como takoyaki o okonomiyaki, y como postre no podía faltar la famosa tarta de queso de Rikuro’s, esponjosa y recién hecha. Después hicimos un recorrido por el siempre sorprendente Don Quijote y pusimos rumbo al hotel. Tocaba descansar, porque al día siguiente nos esperaba un día completo para seguir descubriendo Japón.











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